PESAJ & HAG JA-MÁTZA

La Pascua y la fiesta de los panes sin levadura


Antecedentes históricos

«La Pascua del SEÑOR comienza el día catorce del mes primero, a la hora del crepúsculo. El día quince del mismo mes comienza la fiesta de los Panes sin levadura en honor al SEÑOR. Durante siete días comerán pan sin levadura. El primer día celebrarán una fiesta solemne en su honor; ese día no harán ningún trabajo. Durante siete días presentarán al SEÑOR ofrendas por fuego, y el séptimo día celebrarán una fiesta solemne en su honor; ese día no harán ningún trabajo.» (Levítico 23:5–8).

El día de fiesta Pesaj (Pascua) anuncia la llegada de la primavera en el calendario judío. Su importancia, en cuanto al plan bíblico, es evidente por la época del año en la que se celebra. Si estudiamos los principales días de fiesta en las Escrituras, podemos observar un paralelo impresionante. Las fiestas importantes están agrupadas en dos diferentes temporadas del año. En la primavera, tenemos la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, la de los Primeros Frutos y la de Pentecostés; todas éstas ocurren durante un período de cincuenta días entre marzo y junio. Luego viene un largo intermedio de verano, hasta que llegan los días de fiesta de Rosh Ha-Shaná, Yom Kipur y Sukot, que normalmente se celebran durante los meses de septiembre y octubre. En el transcurso de este libro vamos a poder ver cómo la cronología de estos días encaja perfectamente en el plan de salvación de Dios a través de su Mesías, Yeshúa de Nazaret.

El significado de la Pascua se encuentra en Levítico 23. La palabra hebrea «pesaj» significa «saltar, brincar o pasar por encima» de algo. Esto nos lleva a la referencia histórica de Israel al ser liberado de la esclavitud en Egipto, tal y como está escrito en el libro de Éxodo.

Debido al endurecimiento creciente del corazón del faraón, Dios tuvo que enviar diez plagas para persuadir al líder ciego a que dejara ir Israel. A pesar de lo devastadoras que fueron las primeras nueve plagas, no fue hasta la décima y última plaga que el faraón se sometió ante el Dios de Israel. En este juicio, Dios le dijo que enviaría el Ángel de la Muerte sobre la tierra de Egipto para tomar al varón primogénito de cada familia.

Cada juicio de Dios conlleva también una escapatoria. Por lo tanto, a cada familia que aplicara la sangre del cordero sacrificado a los dinteles de su puerta se le daría una promesa especial: «La sangre servirá para señalar las casas donde ustedes se encuentren, pues al verla pasaré de largo. Así, cuando hiera yo de muerte a los egipcios, no los tocará a ustedes ninguna plaga destructora» (Éxodo 12:13).

La Pascua nos muestra clara y dramáticamente el modelo típico de la redención. Es un día santo en que conmemoramos cómo Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. Sin embargo, Pesaj también contiene una imagen profética mucho más amplia del plan de Dios para la redención del mundo.

 

Celebración judía tradicional

Debido al gran significado histórico que tiene la Pascua para el pueblo judío, su celebración es tal vez la más elaborada. La Torá dice que el pueblo debe de sacar de su casa todos los productos que contengan levadura (Éxodo 12:15). Esto servía para recordarles que habían tenido que salir de Egipto tan de prisa que el pan que estaba en los hornos no tenía tiempo para subir. Cada primavera, en los hogares judíos, se lleva a cabo una furiosa y profunda limpieza para tirar cualquier producto con levadura, antes de que inicie la Pascua.

Después de limpiar la casa, se llevan a cabo los preparativos para la tradición central asociada con esta fiesta, la cena séder de la Pascua. Séder significa el «orden» del servicio. Esto se basa en las instrucciones dadas en Éxodo 12. Dios les dijo a los israelitas que la noche debería de conmemorarse comiendo tres cosas: el cordero, la mátza (pan sin levadura) y las hierbas amargas.

Posteriormente, los rabinos agregraron varios elementos más, incluyendo vegetales verdes, un huevo asado, jaróset, (una mezcla de manzana y nueces) y cuatro copas de vino. Todo esto se arregla en un plato ceremonial especial para el séder, y el vino se sirve en una copa decorada llamada kiddush, (una cáliz para el vino).

Más adelante en la historia los rabinos agregaron una quinta copa llamada la Copa de Elías. Esta copa en particular se llena con la esperanza de que el profeta Elías venga, beba de la copa y anuncie que ha llegado el Mesías (Malaquías 4:5). La Pascua, como la mayoría de los días de fiesta bíblicos, incluye alimentos especiales, llenos de significado. Todo esto nos recuerda que, desde una perspectiva judía, la teología no solo se enseña, sino que también se come. Esta es una razón más por la que yo creo que todos los pueblos—judíos y gentiles, adultos y niños—pueden aprender tantísimo al celebrar las fiestas.

Un elemento especialmente intrigante, incorporado por los rabinos, se llama el mátza tash. Consiste en un bolso de lino o un plato con tres secciones diferentes. Se coloca un pedazo de mátza en cada sección, de manera que todos quedan apartados individualmente, pero al mismo tiempo están unidos en un sólo recipiente. Los comentarios rabínicos no proporcionan el origen exacto de esta costumbre. Especulan que el mátza tash representa la unidad, tal vez la unidad del pueblo de Israel a través de nuestros patriarcas (Abraham, Isaac y Jacob) o tal vez la unidad de las familias de Israel (Aarón, los levitas, y la gente común).

Durante la primera parte del séder, se saca el mátza que está en la parte central y se troza a la mitad. Una mitad se pone de nuevo en la mátza tash. La otra se envuelve en una servilleta, la cual está escondida por el líder del séder en alguna parte de la sala. La parte del mátza que se esconde se le llama el afikomen; ésta es una palabra griega que significa «aquello que viene al último.» Los rabinos dicen que esto alude al hecho de que el afikomen es la última cosa que se come en el séder, el postre. Otros han sugerido que la traducción es «él que viene de nuevo.» Este otro sentido de la palabra tiene mucho significado para el creyente mesiánico, ya que refleja la resurrección y el regreso del Mesías.

Un orden estructurado de servicio se desarrolló en el Jagadá, un folleto que vuelve a contar la historia y el significado de la Pesaj. El séder de la Pascua es una cena ceremonial cuya dinámica se centra en la lectura de la Jagadáh. La mayoría de las comunidades judías fuera de Israel celebran el séder durante las primeras dos noches de Pesaj (los días 15 y 16 del mes hebreo de Nisan).

La fiesta de Pesaj dura ocho días y durante este tiempo no se deben de consumir alimentos con levadura. Las Escrituras indican que los siete días subsecuentes son una fiesta totalmente independiente llamada «Fiesta de los Panes sin Levadura» (Levítico 23:6). La tradición moderna ha combinado estas dos fiestas en un sólo festival de ocho días llamado Pesaj. A través del simbolismo de la celebración, se recuerda a las familias judías de la gran redención que obtuvieron en la primera Pascua.

 

Celebración en el Nuevo Testamento

La mayor parte de esta tradición ya estaba totalmente desarrollada mucho antes del primer siglo. Por lo tanto, no es sorprendente encontrar numerosas referencias a la Pascua en el Nuevo Pacto. Se menciona la Pascua en los Evangelios (ver Lucas 2:41 y Juan 5:1, 6:4) y también en el libro de los Hechos de los Apóstoles (ver Hechos 12:3–4). Más que las demás, la historia más famosa de la Pascua en la Biblia es la de la última Pesaj celebrada por Yeshúa y sus discípulos judíos en el aposento alto (Mateo 26 y Lucas 22). En estos pasajes podemos observar las tradiciones del primer siglo, y al mismo tiempo aprender algunas lecciones espirituales enseñadas por el Mesías.

Entre los elementos tradicionales que se mencionan son el cordero (Lucas 22:8), las hierbas amargas (Mateo 26:23), el lavado de pies y manos (Juan 13:1–15), las cuatro copas de vino (Mateo 26 y Lucas 22), y la mátza (Mateo 26:26). El cordero nos recuerda de la manera de la redención, la sangre del sacrificio. En este caso, el Mesías se convirtió en nuestra Pesaj (Juan 1:29). Las hierbas amargas hablan de la terrible esclavitud a mano del opresor. No es de sorprenderse que Judas, aquél que iba a tener un final amargo, hubiera sido el que vino a mojar su mátza en el plato de las hierbas amargas. El lavado de pies y manos tipifica la necesidad de limpiarse antes de acercarse a un Dios santo.

Cada una de las cuatro copas de vino nos enseña una importante lección. Según los rabinos de antaño, estas cuatro copas se basan en las cuatro promesas dadas a los hijos de Israel en Éxodo 6:6–7:

«Así que ve y diles a los israelitas: “Yo soy el SEÑOR, y voy a quitarles de encima la opresión de los egipcios. Voy a librarlos de su esclavitud; voy a liberarlos con gran despliegue de poder y con grandes actos de justicia. Haré de ustedes mi pueblo; y yo seré su Dios.»

La Copa de la Santificación aparece al inicio del séder. Y cuán apropiado es el santificar, o apartar, este servicio como algo especial para el Señor. La segunda copa se conoce como la Copa de Alabanza (a veces conocida como la Copa de las Plagas) porque debemos de alabar al Santo que ha hecho cosas tan grandes. La tercera copa, la Copa de la Redención, fue designada por el Mesías Yeshúa como un recordatorio especial a través de todas las generaciones. Fue una vez para los judíos la copa conmemorativa de la redención física de Egipto. Para los judíos que creen en Yeshúa, esta copa simboliza también la redención espiritual encontrada en el sacrificio del Mesías.

Ha habido mucho debate en cuanto a la frecuencia con la que se debe de celebrar la «Santa Cena.» La frase clave para entender la respuesta se encuentra en 1 Corintios 11:26: «Porque cada vez que comen este pan y beben de esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que él venga.»

Algunas iglesias han interpretado que es tan a menudo como se beba la copa ceremonial. Podría ser cada domingo, una vez al mes o cualquier otra fecha designada para la celebración. Mi punto de vista personal es que la interpretación más natural, dado el contexto, es que se tome la copa cada Pascua. Se debe poner el énfasis, de acuerdo con este punto de vista, en las frases «este pan» y «esta copa», refiriéndose al pan sin levadura y a la tercera copa de la Pascua.

Nuestra congregación mesiánica celebra la Santa Cena cada año en nuestro séder de Pascua. La Copa de la Redención puede celebrarse más a menudo, pero no hay un momento más apropiado para celebrar el mensaje de la redención que en la misma fiesta de la redención.

La cuarta copa es la Copa de la Aceptación o la Alabanza, y constituye un cierre muy adecuado para el servicio del séder. Después de las copas de la Santificación, la Alabanza o las Plagas y la Redención, esta copa revela la maravillosa y simbólica verdad de Dios aceptando a su pueblo. Es alrededor de esta copa que se cantan algunos de los salmos Hallel.

 

El cumplimiento profético

Después de explorar los antecedentes de la Pesaj, el cumplimiento profético de esta fiesta es claro. Se puede resumir en una sóla palabra, «la redención». El rabíno Saúlo de Tarso (el apóstol Pablo) se refiere a este tema de manera hermosa y sucinta en su epístola a los creyentes de Corinto. Les dice que deben de tratar con los problemas morales que surjan dentro de sus miembros. Para explicarse, Pablo recurre a la bien entendida analogía de la Pesaj:

«Hacen mal en jactarse. ¿No se dan cuenta de que un poco de jametz hace fermentar toda la masa? Desháganse de la vieja jametz para que sean masa nueva, panes sin jametz, como lo son en realidad. Porque Meshíaj, nuestro Cordero pascual, ya ha sido sacrificado. Así que celebremos nuestra Pascua no con la vieja jametz, que es la malicia y la perversidad, sino con mátza sin jametz, que es la sinceridad y la verdad. (1 Corintios 5:6–8).

El sacrificio del cordero en la Pascua era la sombra predecesora de la redención más grande que se encuentra en el cordero nombrado por Dios mismo: el Mesías. ¡Qué gozo más especial es celebrar esta fiesta de redención (como lo exhortaba Pablo) para aquellos que han experimentado en verdad la redención en Yeshúa Ja-Mashíaj, el Salvador del mundo!

 

Una guía práctica para los creyentes en el Mesías

Muchas de las costumbres descritas hasta ahora abundan en significado cuando se practican por los seguidores de Yeshúa. Aquellos que desean entrar en la celebración completa de este día de fiesta empiezan un día antes del séder, sacando toda la levadura de la casa. Los pisos se barren, se trapean y se pasa la aspiradora por ellos. Se saca todo producto con levadura de las alacenas. Platos, ollas y utensilios se lavan a fondo para quitar cualquier posible traza de levadura. El espíritu de la ley es el de quitar toda levadura de nuestras casas (Éxodo 12:19–20). Esto simboliza también la limpieza espiritual de nuestros corazones (1 Corintios 5:6–8).

Mi sugerencia, en esa espíritu de libertad, es adaptar la preparación al nivel que sea cómodo para cada quien. Para algunos, tal vez se trate de realizar toda la limpieza tal y como lo describí anteriormente. Para otros, puede ser una limpieza ligera, que sea sobre todo una acción mayormente simbólica de la verdad espiritual que representa la Pascua. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones (Romanos 14).

Después de la limpieza general que se lleva a cabo durante las primeras semanas del mes de Nisan, la atención cambia de enfoque al acercarse el día de la Pesaj. Después de la puesta de sol el día 14 de Nisan, se lleva a cabo en el hogar una ceremonia especial llamada bedikat jámetz (la búsqueda de la levadura). Durante esta ceremonia, se buscan los últimos rastros de levadura y se sacan de la casa.

Los detalles de este proceso son muy interesantes. Ya con la casa previamente limpiada, el líder del hogar debe de esconder a propósito algo de levadura (trozos de galleta o de pan) en distintos lugares de la casa. Luego el líder toma una pluma de ave, una cuchara de palo y una vela encendida e inicia la búsqueda de lo último de la levadura junto con toda la familia. Esta es una oportunidad excelente para hacer participar a los niños, ya que se asemeja a un juego de escondidas.

Sin embargo, aparte del juego, las lecciones espirituales son asombrosas. El lugar donde habitamos (y nuestros corazones) tienen que ser limpiados de toda levadura (pecado). El método en sí mismo es informativo. La luz de la vela (la Palabra de Dios) ilumina nuestro pecado (Salmo 119:11). La levadura se levanta con la cuchara de palo (como la cruz de madera del Mesías). A la mañana siguiente, estos últimos trozos de levadura se queman fuera de la casa (en una lata o bolsa), simbolizando un total y final destrucción. Esto simboliza al Mesías destruyendo el pecado «afuera del campamento», y haciendo disponsible la libertad del poder del pecado todo aquel que crea.

Estas costumbres pueden parecer extrañas para el que no las ha experimentado, pero la profunda verdad espiritual se torna evidente para los creyentes en Yeshúa que puedan verla con discernimiento. Inclusive algo tan fuera de lo común como el bedikat jámetz se convierte en una ceremonia llena de significado para aquellos cuyos corazones han sido limpiados por el Mesías.

En el 14 de Nisan, ya que se aproxima el primer día de Pascua, se deben de hacer los preparativos finales para el séder. Para ahora, ya se deben de haber terminado de hacer las compras de productos kosher para la Pascua (como mátza, vino o jugo de uva y cualquier otro producto sustituto para la comida sin levadura).

También son necesarios los platos tradicionales para el séder y otros objetos ceremoniales. El zeroaj, por ejemplo, es un hueso de pierna de cordero, representando el sacrificio del cordero. Si no se cuenta con un hueso de pierna de cordero, se puede sustituir con uno de pavo o de pollo que ha sido asado al fuego.

La baytzaj es un huevo cocido y asado que representa los holocaustos ofrecidos en el período del Templo. El maror (hierbas amargas), para lo que normalmente se usa rábano picante, nos recuerda de la amargura de la esclavitud del pecado. El jaróset (la mezcla dulce de manzana y nueces) es un recordatorio maravilloso de la dulzura de nuestra redención. El karpas (perejil) es un vegetal verde que nos habla de la vida. Todos estos elementos del plato del séder pueden ser comprados o preparados siguiendo las recetas que vienen más adelante en este mismo capítulo.

Al preparar la mesa del séder, también se necesita una copa (cáliz) kidush para cada persona, más la copa de Elías con sus propios cubiertos. Otros elementos escenciales son el mátzah tash y una palangana ceremonial para lavarse.

Cada participante en el séder necesitará un ejemplar de la jagadáh para leer. Si el líder se siente lo suficientemente familiarizado con ella, puede usar una jagadáh tradicional, que se puede adquirir en cualquier librería judía. Muchos creyentes prefieren usar una jagadáh judía/mesíanica. Ésta contiene la mayoría de las lecturas tradicionales, pero además viene acompañada de relevantes pasajes del Nuevo Pacto y otras explicaciones pertinentes.

Un recurso que yo les recomiendo a los creyentes mesiánicos es la Jagadáh Mesiánica de la Pascua publicada por Lederer Messianic Ministries. Es una jagadáh de muy alta calidad. Lederer también tiene una guía muy útil para la preparación de la cena del séder.

La Pesaj empieza oficialmente al ponerse el sol el 15 de Nisan. Ya que la mayoría de las comunidades judías fuera de Israel celebran las primeras dos noches de la Pascua con un séder tradicional, muchos creyentes mesiánicos tienen diferentes tipos de séderes para cada noche.

En nuestra congregación la costumbre es de tener un gran séder comunitario en la primera noche de Pesaj para nuestros miembros, y también para llegar a aquellos que necesiten escuchar el mensaje de la redención. En la segunda noche, normalmente se hace un séder más pequeño, en casa con familiares y con amigos cercanos. Cualquiera que sean las opciones a su disposición, ¡Le exhorto a que haga los planes necesarios para celebrar esta fiesta maravillosa!

El séder es el punto central de la celebración de la Pascua, sin embargo se trata de una celebración que abarca ocho días. La Torá dice que durante este período tenemos que sacar la levadura de nuestras casas y comer mátza. Para algunos, este último puede ser algo muy inconveniente. ¿Cómo? ¿Ocho días sin pan? Sin embargo, al apreciar su valor espiritual, hasta comer mátza por toda una semana puede convertirse en una experiencia inspiradora.

Recuerde el simbolismo. No se trata tan sólo de una limpieza profunda de primavera; se trata de recordarnos de nuestra necesidad de la limpieza espiritual y el arrepentimiento. Por lo tanto, cada vez que comemos un sandwich de mátza durante la Pesaj, tenemos presente el significado de esta fiesta. Cada vez que se nos antoja una galleta con levadura, tenemos presente esta gran verdad espiritual.

Mi oración es que la Pesaj se convierta en una fuente de gozosa celebración en que los creyentes experimenten al Mesías nuestra Pascua de manera íntima y práctica. Que celebremos la fiesta. (1 Corintios 5:8).



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